Los dioses, envidiosos como siempre, de la dicha de los mortales, convirtieron al marino en cangrejo para que no pudiera hablar el lenguaje de las sirenas. Ambos sufrieron muchas noches aciagas de amargura y desencuentro. Pero lo que los dioses no adivinaron, porque siempre subestiman a los mortales, es que, con el tiempo, la sirena habría de aprender a comprender el lenguaje… de los cangrejos.
Los dioses, envidiosos como siempre, de la dicha de los mortales, convirtieron al marino en cangrejo para que no pudiera hablar el lenguaje de las sirenas. Ambos sufrieron muchas noches aciagas de amargura y desencuentro. Pero lo que los dioses no adivinaron, porque siempre subestiman a los mortales, es que, con el tiempo, la sirena habría de aprender a comprender el lenguaje… de los cangrejos.
Esta imagen tiene fuerza y un cambio muy interesante dentro de el mismo estilo.
felicidades.
Muchas gracias por tu comentario y por meterte a ver, Enrique. Esta pieza es muy especial, con ella empecé a explorar otro camino.
Saludos!